viernes, 2 de octubre de 2009

Viernes a mediodía. O, Descenso al subsuelo.

Ya que la escritura, hasta de algo tan nimio como este blog, monumento a mi vanidad y ocio, necesita constancia y seguimiento, creo que es justo y necesario que lo utilice más seguido.
He de reconocer que lo que más me ha afectado en el último mes, tal vez dos meses, ha sido mi inconformidad con mi trabajo. Primero, la gente de mi oficina, la gente a la que llevo dos años viendo casi diario, me desesperan en su generalidad. Existen las particularidades que me caen bien, pero el conjunto es insoportable. Hay momentos donde cada uno, por separado, me entretienen y son divertidos; pero, por lo general, encuentro unas ganas, apenas reprimibles, de gritarles e insultarlos/as. Pero durante los últimos dos meses mi hostilidad hacia la colectividad de la oficina ha crecido exponencialmente.
Primero, siento que mi trabajo no es ni comprendido ni apreciado. Nadie tiene una idea muy clara de qué es lo que hago, a pesar de que se los he explicado, principalmente porque son pocas las personas que en realidad crean que sus escritos necesitan corrección (aunque debo decir que las personas que se encargan de escribir los oficios de la coordinación ahora siempre me piden que les corrija sus escritos para evitar problemas, por lo menos ellos entienden el sentido de mi trabajo), por lo mismo, ven mi trabajo como algo apenas por encima de la mano de obra. He utilizado el símil de que ellos me ven como a un albañil al que le están diciendo que quieren que construya una pared inclinada a pesar de que el albañil les dice que si hace eso el techo se va a caer, pero como no es arquitecto, su opinión no cuenta. Mis opiniones no cuentan o sin el menor recato se las apropian; mis ideas, las que ellos/as consideran meritorias, cambian de dueño/a tan seguido como las monedas y, al igual que las monedas, nunca se sabe quién las tuvo primero.
El momento del cinismo máximo fue durante una junta. Unos días antes de la junta me habían pedido que hiciera un diagrama de flujo respectivo al proceso de la revista, empezando por el autor hasta que estuviera impresa. Agarré una hoja de papel y lo dibujé; no era el gran diagrama o la innovación que iba a cambiar la revista, simplemente era una explicación gráfica del proceso a mi entender. Durante la junta repartieron unas hojas y la mujer que me había pedido el diagrama dijo, con suma tranquilidad por cierto, "preparé este diagrama del proceso de la revista". Al verlo me di cuenta que estaba en el mismo orden y con el mismo vocabulario que mi diagrama, era como si lo hubiera calcado, excepto que el mío estaba hecho a mano y ella lo había puesto en un documento de word. Y aun cuando volteé a verla con cara de "¿qué chingados...?" ella jamás mostró nerviosismo o señal alguna de que en efecto ella no había hecho el diagrama. Fue como ver el dibujo de alguien, ponerle un papel encima, calcarlo a la perfección y sin cambiar un solo detalle, y después mostrárselo a la persona y decirle "mira lo que dibujé".
Esa fue la primera con ese cinismo, pero no fue la última.
Después de haber trabajado en la parte editorial del último número de la revista, mucho más allá de mis funciones como corrector de estilo, tuve el "atrevimiento" de pedir crédito de coeditor en la revista. Y me fue negado rotundamente. Hasta me vieron con una expresión que decía "¿cómo te atreves a pedir eso?" y ahí fue cuando mi paciencia, de por sí bastante pequeña, se acabó. Decidí no hacer ya nada más que corrección de estilo; el apropiarse de ideas ajenas me parecía excesivo, pero mi límite fue la falta de reconocimiento al trabajo realizado.

Bueno, todo eso fue para explicar mi hartazgo de esta última semana. En el anterior esquema de la revista una diseñadora por fuera hacía los números, pero con el nuevo esquema ya no es así, a excepción del Encarte (una pequeña revista dentro de la revista, independiente a la segunda en contenido), mismo que la diseñadora todavía hace. Pero esa diseñadora es amiga mia y ex compañera de trabajo de Oxford University Press. Por lo tanto, los retrasos del Encarte son culpa mía. Y, como cuando se apropiaban ideas ajenas, no sólo mías sino de todo el que les diera una buena sugerencia, no han tenido el recato de ocultar las sonrisas de satisfacción al hacer comentarios de que el retraso de la impresión se debe al Encarte y a la "diseñadora amiga de Manuel". Como dije antes, mi paciencia llegó al límite y varias veces hice el comentario de regreso "pues si no se le está pagando el Encarte a la diseñadora, ¿no creen que es muy prepotente exigirle que lo haga a marchas forzadas y, para colmo, gratis?". Pero como pasa siempre con la gente que no ve más allá de su nariz, piensan que es la obligación de la diseñadora hacer eso, sin embargo, extrañamente, no es obligación de la revista remunerar ese trabajo, como estaba acordado en un principio.

He ahí una de las fuentes de mi hartazgo y hostilidad esta semana que termina. La otra es culpa mía por completo. Las series gringas acaban de comenzar su nueva temporada (House, Supernatural, Heroes, The Mentalist, Dexter, Lie to Me, Fringe, The Big Bang Theory y Two and a Half Men), por lo cual las bajé todas de internet y me puse a verlas después de mis raids de Warcraft, por lo cual estaba durmiendo a las 3 o 4 de la mañana, despertandome a las 8:30 y, como no puedo dormir en el día, eventualmente las desveladas me alcanzaron y me encontraba con dolores de cabeza casi diario por mi falta de sueño, además de que parecia que me iba a dar gripa, o influenza ya que está de moda en México.

Supongo que para los observadores imparciales e inocentes en la oficina yo era un monstruo al borde del asesinato masivo: ojos rojos e hinchados, mal humor, dolores de cabeza, hostilidad abierta ante casi todo mundo, alejado de "mundanal ruido" gracias a mis audífonos.

Pero ya por fin empecé a dormir bien, o más de 4 horas al día, y mi humor ha mejorado un poco (ya no tengo los ojos rojos ni dolor de cabeza, el desprecio por mis compañeros de trabajo y los audífonos permanecen).

Y como mis últimas entradas han sido musicales, lo que escuché durante la escritura de esta entrada, un poco desconectada de si misma en mi opinión, fueron las siguientes canciones: Messhuggah - Terminal Illusions, Antimatter - Over your shoulder, Opeth - Face of Melinda, Samael - Quasar Waves, ...and Oceans - The Morning I Woke Up Dead y Ablaze my Sorrow - The Return of the Mighty Raven.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Lunes a mediodía (de nuevo). O, Dance to the thunder beats, feel it all around.

Here rings a warning, a day of wrath for all the days of war. A storm of fury to calm the hunger left gritaba Vorph con su característica voz gutural mientras la batería sonaba con furia y las luces amarillas inundaban el escenario y a la audiencia. Eso fue el sábado 19 durante el concierto de Samael, justo diez años después de su última visita, la primera vez que los vi y me convertí en su fan permanente. La canción es Rain del disco Passage, canción que siempre hace que se me acelere el pulso y me hacía recordar cuando tenía 17 años y la escuché por primera vez en el concierto. La volví a escuchar y el recuerdo fue sustituido por la nueva visión de la canción en amarillo. Porque Samael hace eso como nadie, usa un sólo color de luces con sus canciones, entonces de cierta manera, su música es de colores. Ésta es amarilla y mi otra favorita, Jupiterian Vibe, sigue siendo tan azul como la primera vez que la escuche en vivo.
Habían pasado dos o tres años desde que fui a un concierto de metal; ya me había acostumbrado a no ir, a enterarme que venían grupos y no ir a verlos. Y había olvidado lo vivo que me hacen sentir. Lo mucho que grito y canto durante ellos. Los recuerdos que me inundan al escuchar las mismas canciones que en un disco me emocionan y en vivo me subliman. Samael siempre ha tenido ese efecto en mí, es una fuerza que me invade y me hace querer gritar, brincar, headbanging, de todo.
Y me hace recordar lo importante que llega a ser la música en mi vida; lo noto porque tengo una canción para todo momento, es más fácil que encuentre las canciones que puedo acomodar a mi vida y a los momentos de la misma que encontrar los libros para acompañar los años, aunque creo que no sería imposible encontrar novelas y cuentos que acompañarían los momentos más importantes de mi vida.
Es tan importante la música en este momento de mi existencia como siempre lo ha sido (leer entrada titulada "El soundtrack de mi vida" para referencia); gracias a mi música, que siempre ha representado una catarsis para mi por la estridencia, la furia y la violencia de la misma, no me vuelvo loco e insulto a las personas de mi oficina. Llego en la mañana, saludo a quienes se me antoja saludar y me pongo los audífonos de mi ipod, paso las siguientes horas ignorando todo sonido que no sea el que sale de esa maquinita que me ha salvado de la locura más abyecta o de enemistarme con la humanidad.
No soy ningún melomano, la verdad no sé mucho de música, soy sordo a los cambios tonales más simples, como los acentos y las notas musicales, pero todos mis grupos siguen teniendo un efecto casi purificador en mis cambios de animo y mis constantes peleas con el genero humano, peleas que obviamente estoy destinado a perder, pero que, por mi necedad, no dejaré de tener.
Cuando necesito una dosis de realidad en mis interacciones con otros humanos escucho Hours passed in exile ("What if: a)some things are destined to failure b)some things are never meant to be c)someone never sees d)someone never opens e)somehow we are different") de Dark Tranquillity, cuyo título da una idea de porque la escojo como una píldora de realismo; cuando entré al momento en que me decepcioné de los sentimientos y quería sentirme redimido No love lost ("Lie without emotion, your heartstrings break, snapped and severed to the tune of a tragic sad cliche") de Carcass me dio esa deliciosa satisfacción de venganza; cuando estoy abrumado en el trabajo y quisiera agarrar de la cara a la gente de mi oficina y gritarles hasta que me cansara Hate incarnate ("I turn against the holy land with hate in heart blood on my hands") de The Project Hate me hace liberar toda esa furia en mi mente y pacificarme; finalmente, Of nails and sinners ("Expelled I was from your tedious grace to the pits of hell, so can you cease to deplore my opposite, nay only way") de Arcturus pone en mi mente las imágenes de ángeles cayendo de gracia mientras niegan las convenciones de Dios.
Esta entrada no es lo mejor de mi repertorio, de hecho creo que está bastante caótica y sin pies, cabeza o cuerpo, estoy al tanto de eso, pero he estado muy oxidado por no escribir nada en meses, había perdido la motivación por cometer el error de buscar una motivación externa, al perder el objeto, la motivación se perdió; ahora entiendo que la motivación tiene que venir de dentro, para que, sin importar que pase con el objeto u objetos, la motivación quede intacta.
Empecé el blog con Samael y creo que es justo y necesario que lo acabe con ellos:

Present is the time including all times, each second is eternity as eternity is now, and now is forever...